George


Nadie podía pensar que tanto tiempo después Jorge fuese a tomar la misma decisión. Lo que pasa es que siempre es inoportuno, cuando pasa, que lo que innecesariamente sucede se mezcle con tantas ficciones. Es como pretender estar un poco muerto. Jorge subió otra ves las escaleras, haciendo el mismo recorrido que hizo cuando cumplió los diez años. Habíamos discutido si era cierto o no el criterio que usaba papá para imponer las reglas.

Papá estaba un poco muerto, después, a los doce de Jorge y dieciséis mios, papá se murió del todo. Aquella tarde Jorge le dijo q a Papá que era injusto, y fue muy raro, por que nadie le decía a Papa nada, nadie le iba a decir a papá, mucho menos que estaba o podría estar equivocado.

Buena parte del tiempo que pasamos con Jorge, hablabamos de estas cosas, sobre todo hablamos de papá y de lo diferente que éramos. También de los diferente que podíamos llegar a ser nosotros mismos, Jorge hablaba mucho de esto, siempre se nombraba en tercera persona, decía que se veía desde afuera y casi nunca le gustaba.

Mucho, demasiado tiempo después entendí de lo que hablaba, entendí en el tiempo en que la mayoría de nosotros lo hacíamos. La mayoría de nosotros excepto Jorge, que se había adelantado. Pobre, ahora que lo pienso, tan chiquito y ya sabiéndolo todo. Ya queriendo averiguar todo, justamente él, el mas sensible de todos, el mejor de nosotros, era claro, ahora que lo vuelvo a pensar , que actuase de la misma manera, había llegado demasiado pronto, y en los mismos lugares, se termina por echarse todo a perder o en el mejor de los casos a aburrir.

Jorge no podía o no quería vertir su verdad, él era ese especie de pena que solo crece adentro. Solo para uno y mirarlo, los últimos días, mirarlo, significaba un poco eso, esa contaminación triste que solo queda adentro, gastado a punto de desvanecerse, a punto de quedarse y desaparecer-

Por eso cuando voló fue la mejor salida que hoy le pienso, hoy le pienso medio asustado y demasiado tarde, cuando corrió por ese pasillo infinito, cuando no midió la altura, cuando sonrió un poquito, cuando extendió los brazos y la abrazo, desnudos los dos, cayendo para siempre, explicándonos tanta audacia y tanta desolación.

Anuncios

Comentario recibido, muchas gracias.

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s