La mala educación


Las tapias es un lugar negado. Incrustado en medio de las zonas turísticas de Traslasierra, y la ciudad más gris del mundo, Villa Dolores. Las tapias es un mito, una excusa. Se esconde entre el polvillo colorado de ladrillos y el polvo que antecede al barro para hacerlo y solo aparece hurgando entre en los hornos de ladrillos que se multiplican como zombies a lo largo de la ruta 14.

Durante muchos años, muchos años, los hornos de ladrillos y el trabajo artesanal que lleva hacerlos, fue la esperanza, la supervivencia y el destino de casi todas las personas que nacieron y crecieron en Las Tapias.

La tarea de hacer un ladrillo en muchos de los hornos de la zona es sofocante, se realiza el barro en una especie de tronera en la cual gira en círculos una rueda de acero sostenida sobre una baranda con una especie de eje vertical girando sobre si misma y que es la que se encarga de transformar la tierra en barro.

Una vez hecho el barro, se carga en carretillas de maderas hacia la zona de “corte”, en donde la misma persona coloca sobre la carretilla una tabla de madera con un molde dividido en cuatro rectángulos iguales, se quita el molde y con muchísimo cuidado de que no se rompa, se los coloca en la cancha de secado. La cancha de secado es una cancha de polvo, de tierra, generalmente en un lugar de grandes proporciones, un lugar muy seco, extremadamente seco.

Hacer ladrillos para obtener un sueldo mínimo para sobrevivir requiere de una jornada que va desde la salida del sol hasta su caída. Eso sin tener en cuenta a algunos dueños de hornos que a su vez abastecen de alimentos a través de un almacén de pueblo y los pagos se realizan con bonos para utilizar solo en ese almacén. Negocios redondos, dicen.

Ezequiel nació en las Tapias.

Un mensaje de texto, me agendó la tarea de ese miércoles. – “Mñna rindo, no se nada” –   Estar de vacaciones, suele ser eso mismo, a menos que un primo que uno ha visto crecer y lo a tenido en brazos desde que nació tiene un problema en el que uno puede participar. – Veníte –

Pasar de año en Córdoba, en la secundaria en Córdoba, a partir del periodo 2010 se puede hacer dejando tres materias previas. Previas, preveer, prevenir, previsto. Ciencias Sociales se había dejado Ezequiel como cuarta y ultima opción en este verano de febrero. Ciencias sociales, por que es también historia y el gusto por Historia en Ezequiel quedo un poco rezagada a los últimos machetes olvidados y que también fueron los primeros, me contó mas tarde, algún mes de cuando cursaba primer año. Prevío, no tener que rendirla.

Me encuentro en el patio/parque, estimulado por un sol tibio y el mate, los pies descalzos rozando el césped y un rocío delicado de la lluvia de anoche. Nada del Buenos Aires que deje atras para quedar en mis retinas. Me asombra una pila de papeles insostenible que nada tenían que ver unos con otros, me encuentro con trazos, colores, marcas y tamaños diferentes como resúmenes de una misma materia. Me encuentro sentado tratando de descifrar una línea que apuntaba a ser cronológica y de tiempo y que señala con certeza 1806 “Invasiones” y al final de la hoja, 1853. “Constitución”.  Comenzamos con Ezequiel la mas larga y resumida de las jornadas posibles para preparar una materia. Invasiones Inglesas, Revolución de Mayo, Juntas y rejuntas y grandes juntas y Triunviratos y España y el rey preso, y Napoleón, y una guerra  que no fue y la revolución. ¿La revolución?. Una independencia  y nos corrimos casi sin querer por los gestos de Juan Manuel de Rosas y buscamos la forma de hablar de Federales y Unitarios mientras nos dormíamos en la redacción de una escusa.

Después de seis horas de búsquedas, insistencias y reclamos nos dimos cuenta con Ezequiel que lo mejor era una excusa. Excusarse, él, con su cara de nene bueno y la adolescencia reventándole la cara, con sus 16 o 17 años y la obsesión por el pelo medio pelo de Flogger pobre. Excusarse, para zafar, zafar para no caer en la tentación de dejar.

En las tapias la secundaria es una manifestación de esfuerzos de unos y otros que siempre son pocos, profesores que se asilan en boliches durante la semana para dar clases, boliches que se incendian y entre las cenizas se cuelgan pizarrones y sillas para alentar a una generación de adolescentes a seguir estudiando. La educación cuando es popular suele tener ribetes de epopeya y gloria. En las tapias no. En las tapias es una profundidad de la que nunca se encuentra el final y una lucha diaria contra sistemas, padres y entornos, para hacer de la dignidad una bandera. Instalar una secundaria en las tapias es motivo de otra crónica, que Ezequiel se quedase en ella no, pero eso lo entendí después.

Cuando la tarde empezó a volverse noche, decidí hablar con franqueza con él, le dije que no tenia ninguna posibilidad, que no sabia y no podría saber todo lo que tenia que saber en un día de estudio y que lo mejor seria que empezase de nuevo, que no podía ser tan grave y que me iba a quedar cerca. Compramos pizzas, gaseosas y terminamos hablando de unas zapatillas que querría comprarse en la semana si juntaba los 450 pesos que valían y que valían por lo “buenísima que estaban”.  Para eso debería trabajar y la opción siempre es la única opción.

Hacer ladrillos en las tapias es una tarea sofocante y fue la única tarea posible para sobrevivir por mucho tiempo. Ezequiel me mando un mensaje a las 10 de la mañana, se había presentado, había rendido y había rendido bien. Había aprobado y había pasado de curso, no iba a dejar.

Pensé en los profesores y en sus razones.

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