Junio 2010.


No se sabe si es mejor o peor cambiar de parecer. El corazón brilla por su ausencia como si el alma de los hombres fuese una caricatura.
Dude mucho en escribir o no estas palabras. Estos son días en los que Diego Maradona, parece estar otra vez enredado en una de sus tantas batallas.
Días en los que la muerte parece haber cambiado de parecer con algunos hombres, y se vuelve mas amigable, días en los que el destino se deja llevar sin reservarles vacantes en la tierra de los inmortales pero donde todo es posible.
Y arranca el partido, y el tipo es uno mas, con saco y corbata y barba prolijamente mantenida, se cruza de brazos y ya no es el que calza los pantalones cortos, ya no es, el que suma voluntades a su correr imposible y mágico. Ahora el tipo besa una medalla, mira la tribuna, el banco de suplentes, y cargado con la presión de su historia apuesta otra vez el todo por el todo, y lo único que alcanza es el cielo. Y ahí esta, peleando contra el paso del tiempo y la memoria, para tatuarles a los incrédulos la fé en el Dios pagano mas parecido a los mortales impuros.
Antes fue en México, y antes es el sur italiano y mucho antes fue una villa miseria en Buenos Aires y él, y todo el mundo no alanza porque contradictorio y todo, se había propuesto no claudicar ante nadie, no tener precio, no perder en ninguna negociación y por eso casi solo por eso, fue convirtiendo en un cerco indestructible y fue armando un vinculo amatorio ingobernable.
Afuera, Buenos Aires espera festejar el recorrido de un campeonato del mundo, y mirar como once tipos corren tras una misma pelota, corren, a decir de Jorge Luis, sin sentido, pero lo hacen jugándose la vida en eso, y alcanza.
Y van, ahí va él, con la camiseta y la bandera y aunque nadie lo vé, escondido entre sus ropas lleva quizás la única respuesta importante en la vida. Les cuenta a los once muchachos de cuando el sueño se le hizo realidad, y le cuenta de los tropiezos y le habla de cómo a pesar de todo esta de pie y los convence, de que son los dueños de su destino y los arquitectos de esta inminente gloria.
Porque no debería ser y es, otra ves el tipo negado por los historiadores de la burguesía, el negador de los poderes centrales, el que cambia de opinión y certezas y siempre tiene sus razones, ese mismo muchacho esta ahora convencido y ha logrado, una ves mas convencernos de que es posible, de que capaz somos los mejores y nos ha reunido entorno a una mesa para compartir su vino y su pan.
Y la pelota vuela por los aires y el grito del continente olvidado llega hasta el infinito mañana estaremos otra ves envueltos en nuestros desatinos. Tenemos, a decir de Galeano, un gran pasado por delante.

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