Y si…? por que no?


Imaginemos esto.
Argentina llega a Ciudad del Cabo, se acerca la hora del partido, gran expectativa en todo el mundo. Cuartos de final, Alemania llegó a este partido con la estima altísima luego de ganar un encuentro increíble con Inglaterra por 4 a 1. Medios de todo el mundo siguen el cotejo con las ambiciones típicas de quien espera un gran espectáculo, se ven en la televisión las imágenes de artistas y actores famosos de Hollywood, se puede vislumbrar la figura de Mick Jagger, el mítico cantante de los Rolling Stones. Parecen estar todos, en el escenario deportivo por excelencia. La copa del mundo los ha cautivado y el equipo que dirige Diego Armando Maradona, último campeón del mundo de un equipo argentino tiene en las apuestas por Internet y en la objetiva mirada popular todas las ventajas para llevarse el mejor resultado.
A diferencia de Alemania, el equipo argentino llega a este partido luego de un simple y deslucido 3 a 1 a un equipo mexicano sin demasiadas intenciones. Llega mostrando algunas fallas en el medio campo, ausencia de un jugador con experiencia de juego, y una defensa que a duras penas consigue entenderse.
Y arranca en partido. En el banco argentino los nervios habituales y el Diego besa la cadena y la medalla que lo acompaño en los primeros cuatro encuentros y de los que salio claramente victorioso. Y van dos minutos, tiro libre en la puerta del área para Alemania, centro cruzado, nadie llega y un delantero se adelanta a todo y la empuja de cabeza en diagonal al arco que protege Sergio “chiquito” Romero. La debacle, la caída, la pelota que parece escabullirse entre sus piernas y meterse dentro del arco, los jugadores que se agarran la cabeza, es demasiado pronto, es impuntual quien llega antes y la pelota pica frente a la cara de Romero y los jugadores alemanes levantan la mano dignificando un festejo, los comentaristas y relatores alemanes se salen de la vaina y dejan a la vista un corazón que mantienen escondido en lo mas profundo de su ser, la victoria parece comenzar a encarrilarse y el destino a cumplir con sus presagios. Pero no. Chiquito Romero alcanza a empujar la pelota con la punta del pie y un De Michellis atento la revienta contra la tribuna derecha. Nada a pasado y es saque lateral de Alemania que desperdicia rápidamente y pone la pelota en los pies del arquero, que demora un instante, baja los niveles de angustia, mira a sus compañeros, sonríe sanamente a un Mascherano que no puede calmar su palidez y patea fuerte al campo rival.

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