Contra el cambio de Martín Caparrós


En su nuevo libro, editado por Anagrama, Martín Caparrós -el dueño de los bigotes más viajados del periodismo vernáculo- pone su mirada sobre la ecología, sus negocios, la apropiación de la derecha de la palabra “cambio” y la discusión de fondo: cómo se reparte la torta y a quiénes no les tocan ni las migas.
Lo que sigue son algunas de las ideas que rondan en este nuevo trabajo de Caparrós, al que llegué vía Eblog ademas un adelanto en Pdf.
Puede que sea un intelectual de la época o algo así, puede que Martín represente una mirada utópica de un mundo hiper real. También es posible que a veces parezca pedante o soberbio, pero de los pecados y las virtudes posible, Caparros es el mas indispensable de todos.

“La ecología suele suponer un mundo estático donde los mismos métodos requerirán siempre los mismos recursos naturales, y se aterra porque proyecta las carencias del futuro sobre las necesidades actuales: porque todo lo que imagina son Apocalipsis.
Es una de sus grandes ventajas: la ecología es la forma más prestigiosa del conservadurismo. La forma más actual, más activa, más juvenil, más poderosa del conservadurismo. O, sintetizado: el conservadurismo cool, el conservadurismo progre, el conservadurismo moderno.”
“(…) la ecología, que para algunos empezó siendo un modo de oponerse a los desastres de las corporaciones y otras aves rapaces, termina por ser el modo en que corporaciones y otras aves lavan barato su conciencia. Quizá no sea definitivo, pero ahora es lo que hay. Lo que domina.”

“Los acuerdos internacionales basados en Kyoto determinan cuánto gas de efecto invernadero puede mandar a la atmósfera cada país, y los gobiernos de los países ricos reparten esa cuota nacional entre sus empresas. Entonces las que prefieren emitir más gas para seguir haciendo sus negocios compran “créditos de carbono”: derecho a poluir que les venden las empresas y comunidades que no llegan a usar toda su cuota. En teoría, esto sirve para que las compañías que se preocupan por reducir sus emisiones –moderando su consumo, modernizando sus equipos – reciban algún beneficio; en la práctica, las empresas despilfarrantes suelen comprar sus créditos a las nuevas compañías especializadas que los consiguen a través de supuestas inversiones verdes en el tercer mundo.
Los compradores de créditos son como el millonario en el yate: no deja de ser un rico despilfarrador, pero paga unos pesos para comprar dispensas –bulas. La religión del cambio climático tiene, como todas ellas, sus evangelistas, sus sacerdotes, sus feligreses, sus recaudadores.”

“Creo que la enorme atención que gobernantes y empresarios de los países más ricos le están dando a la amenaza del cambio climático se relaciona, sobre todo, con tres ventajas políticas y económicas que pueden obtener de esos temores:

–retrasar la industrialización de las nuevas potencias emergentes y, así, mantener su hegemonía unas décadas más;
–cambiar el modelo energético global para modificar ciertas relaciones geopolíticas, y para conseguir que nuevos actores se hagan fuertes en uno de los mayores mercados mundiales;
–ganar fortunas con el mercado de bonos de carbón.
Y creo, por fin, que su mayor ganancia es ideológica: convencernos de que lo mejor es lo que ya tenemos, lo que estamos siempre a punto de perder si no lo conservamos: que no hay nada tan peligroso como el cambio.”

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