Hay que ver The Wire


Pero son muchos los que se quedaron en el bajío tras la marea: hombres y mujeres de Baltimore a los que cada día se les recuerda que la ola ya alcanzó su punto más alto, y que ahora, con la economía en pleno reflujo, valen mucho menos de lo que valían en otro tiempo, si es que valen algo ahora en la conomía posindustrial. Los desempleados que frecuentan los comedores municipales de West Baltimore o que han encontrado un pequeño trabajo como cajeros o cajeras en tiendas con aparcamiento comunal…, son los americanos que sobran. La economía irá dando tumbos sin ellos, y sin cualquiera que considere sinceramente su desesperación. Antiguos trabajadores del acero y de los astilleros, camellos y drogadictos, más un ejército de jóvenes contratados para perseguir y encerrar a estos últimos, putas y puteros más una legión de hombres contratados para recoger a las putas y coaccionar a los puteros…, todos ellos son considerados prescindibles e incompatibles con el modelo económico del Nuevo Milenio, que desde hace tiempo los declaró irrelevantes.

Tal es el mundo de The Wire, la América que han dejado relegada.

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