Borges al dos mil cien » Puto el que lee


Borges le contaba a Bioy un día de julio del ’63: “Propuse a Erro que los escritores, por intermedio de la SADE, renunciáramos a que algún día den a una calle nuestro nombre. Para mantener las tradiciones de la ciudad, para que no se nos confunda con una calle, le expliqué. Él en seguida cambió de tema”.

¿Qué diría Borges si supiera que la calle rebautizada fue justamente Serrano, esa que está a un lado de la manzana pareja que ya no persiste en su barrio? Quizás le quedaría el consuelo de saber que Serrano todavía existe en Villa Crespo.

Sobre la otra parte de su temor, puede estar tranquilo: nadie pregunta, todavía, “¿Qué Borges? ¿El de la calle?”. Peor le fue a Leopoldo Lugones, a quien transformaron involuntariamente en “La Lugones”.

Borges al dos mil cien » Puto el que lee.

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