Cosas que no queremos ver – El prólogo de Yo Te Avise


Por Jorge Fernández Díaz

Una superstición muy extendida indica que los argentinos siempre somos inocentes. Y víctimas de una casta de políticos ineficaces e inescrupulosos que viven engañándonos en nuestra buena fe.

Ese cómodo y tranquilizador dispositivo mental nos permite esperanzarnos con un líder, aceptar sus ideas como revelaciones modernizadoras, denostar los antiguos dogmas que abrazábamos ayer nomás y demonizar a quienes intentaron llevarlos adelante, y sobre todo relativizar los errores del flamante gobierno. En esa particular luna de miel, los argentinos sólo admitimos “noticias deseadas”, como las definió el periodista Miguel Wiñazki. Y los medios que denuncian negociados, abusos, vicios graves y transgresiones son mirados con indolencia. Esa porfiada negación, refractaria del “periodismo aguafiestas”, produce la base del combustible con que funciona el consenso social en la Argentina de hoy y de siempre.

A este primer período suele sucederle invariablemente otro en el que ya la economía comienza a producir fastidio y los “daños colaterales” de la corrupción, el nepotismo y el autoritarismo político, que antes parecían invisibles, van emergiendo y cobrando cierta importancia.

El tercer acto sobreviene cuando las cosas se ponen decididamente mal, los problemas llegan al bolsillo y la opinión pública, la sociedad, la gente, hace de cada error oficial un escándalo y pasa sin escalas del amor al odio. Es como si los argentinos despertáramos de pronto a la realidad y denunciáramos una traición. Las frases van desde “yo no sabía” hasta “yo no lo voté”. Nadie había votado a Carlos Menem, ni apoyado su política de privatización sin escrúpulos. Nadie había adorado a Domigo Felipe Cavallo ni había defendido con uñas y dientes la convertibilidad. Nadie tampoco se había ilusionado con la Alianza y su proyecto de convertibilidad “progre” o menemismo prolijo. Nadie había confiado en la solvencia y seriedad de Fernando de la Rúa.

Nadie, salvo sus militantes más acérrimos, ha dado luz verde a los Kirchner para usar arbitrariamente los dineros públicos, formar un capitalismo de amigos y violar reglas republicanas.

La consigna “yo no sabía” ya había sido utilizada por muchos argentinos para lavarse las manos manchadas de sangre en la última dictadura militar: fingieron no saber que el régimen llevaba a cabo atrocidades, dieron callado apoyo al Proceso y al final, cuando se derrumbó, lo defenestraron como si no hubieran sido cómplices pasivos del exterminio. Hasta mucho después, nadie supo que Videla y Massera eran seres sanguinarios.

El amargo despertar de los argentinos viene siempre acompañado por el asombro: ¿cómo puede ser que estos tipos nos gobiernen, por qué nadie nos avisó que eran así?

Romina Manguel pone, con este libro periodístico, el dedo en la llaga. El título lo dice todo: Yo te avisé . Para desnudar este falso mecanismo de continuas sorpresas y decepciones autoindulgentes, gracias al que los argentinos expiamos nuestros pecados haciéndonos los desentendidos con nuestras propias responsabilidades, Manguel nos dice: quienes nos gobernaron y gobiernan ya eran todo lo que fueron, lo que iban a realizar ya lo habían realizado, todos sus defectos y perversiones estaban inscriptos en sus genomas públicos. Sólo que los argentinos apartamos la vista y preferimos el dulce narcótico de la ignorancia.

Con ánimo exploratorio, Romina desciende y revisa, linterna en mano, las instalaciones más oscuras: va directamente a las prehistorias gestionarias de Menem en La Rioja, de De la Rúa en Buenos Aires, de los Kirchner en Santa Cruz, y prueba que todo lo realizado a nivel nacional ya había sido probado en los laboratorios locales y provinciales. De esas maquetas inquietantes de la política argentina surgen estas mañas, estos amigos siniestros, estos pecados capitales que vimos y vemos en la gran vidriera. Es fascinante observar ese tendido de historias, esa precuela de todos nuestros fracasos y agachadas.

El viaje que Romina propone resulta muy esclarecedor, y profundamente inconveniente para almas negadoras. Manguel es una periodista honesta y profesional que no se ha dejado tentar, como tantos otros, por las trampas de la “prensa militante” ni por la complacencia de la antipolítica, esa táctica simplista para denunciar a todos como monstruos apocalípticos desde los mullidos sillones de nuestra prescindencia. Manguel no reniega de su ideología ni de su compromiso, pero no se deja chantajear por nadie y mide a todos con la misma vara. No sólo retrata el presente y el pasado, también hunde su cuchillo en “candidatos del futuro”, como Macri, Cobos y Scioli.

Leyendo las páginas de este ensayo uno tiene la impresión de que nadie nos engañó. De que todo estaba ahí, sólo que los argentinos no supimos ni quisimos verlo. Y algo aún más perturbador: los líderes políticos hicieron muchas veces lo que deseábamos. Lejos de ser marcianos, cuerpos extraños de la sociedad, los dirigentes fueron en muchas ocasiones nuestra más genuina representación.

Siguiendo con la metáfora eléctrica, la autora de Yo te avisé nos recuerda que cuando hay continuos y persistentes cortocircuitos el problema no está en la caja de los tapones sino en la instalación completa. Una verdad lacerante y necesaria para asumirnos, para abandonar el círculo vicioso de la adhesión y la repulsión, para terminar con las políticas pendulares y para intentar edificar, por fin, un país articulado y una democracia real.

De ADN de La Nación

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Un comentario en “Cosas que no queremos ver – El prólogo de Yo Te Avise

  1. En una muestra más de su desprecio por las trabajadora/es judiciales que dice representar, el Secretario General de la UEJN ha acompañado una nota a todos los camaristas del fuero laboral, a fin que no se trate por falta de legitimación nuestra denuncia sobre la instalación de cuatro cámaras dentro de la Sala III, la de un portero eléctrico y tarjetas magnéticas para poder ingresar a la misma, la puesta a disposición de la Cámara de un trabajador con 33 años de trabajo en ése lugar y el nombramiento de dos relatores ajenos a la carrera judicial. Esto es, no sólo no defendió los intereses de las trabajadora/es judiciales de dicho lugar de trabajo, la/os apretó personalmente para que firmaran una adhesión a la Dra. Cañal que dispuso dichas medidas sino que ahora explícitamente avala que nosotros toda/os las trabajadora/es judiciales trabajemos observados por cámaras, debamos ingresar a nuestros lugares de trabajo con tarjetas magnéticas, que los magistrados sigan disponiendo arbitrariamente donde trabajamos y que no éste reglamentado el nombramiento de relatores en todas las salas de la Cámara Nacional de Apelaciones del Trabajo.
    Además en éstos últimos días ha desatado unilateralmente un conflicto con relación al edificio de Perón 990 del fuero laboral, sin que las trabajadora/es de dicho edificio hayan decidido democráticamente en asambleas las medidas a seguir de acuerdo a sus intereses, esto es, no han tenido, ni tienen decisión alguna sobre las medidas a adoptar para cambiar las condiciones en las que trabajan diariamente. Como no la tenemos las trabajadora/es del edificio de Diagonal Norte 960, de Lavalle 1212, ni las de la mayoría de los edificios del Poder Judicial de la Nación tanto en la Ciudad de Buenos Aires como en el Interior de nuestro país. Nosotros alentamos a las trabajadora/es judiciales del edificio de Perón 990 que honestamente luchan por mejores condiciones de trabajo y proponemos que en asambleas democráticas todos los trabajadora/es judiciales en cada edificio discutamos las medidas a adoptar para modificarlas.
    Y por último, lo que es más importante para nosotros las trabajadora/es judiciales en estos momentos, teniendo en cuenta la constante pérdida de nuestro salario real, que vivimos diariamente cuando vamos al supermercado y que la UEJN es la organización con personería gremial en nuestro ámbito, esto es, la única que tendría legitimación para negociar nuestros salarios según piensa dicho Secretario General; nos llama poderosamente la atención que no se haya manifestado, ni se hayan realizado medidas de fuerza, ni se hayan realizado asambleas en los últimos años para poder debatir entre todos y tomar las medidas conducentes no sólo para salvaguardar nuestro poder adquisitivo sino también para lograr nuestras históricas banderas que son Ley de Enganche, 82% móvil para todos, participación en nuestra Obra Social…
    Por ultimo llamamos a todas las trabajadora/es judiciales para que nos reunamos en asamblea y decidamos horizontalmente las medidas para mejorar nuestros salarios reales, nuestras condiciones de trabajo y seguir la construcción de una organización gremial democrática independiente de los Gobiernos, la Corte, el Consejo y al servicio de las trabajadoras/es judiciales.
    Buenos Aires, 28 de noviembre del 2011
    AEFJPN-ASOCIACIÓN DE EMPLEADOS Y FUNCIONARIOS DEL PODER JUDICIAL DE LA NACION
    aefpjn@hotmail.com

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