JUANITA Y LA PRENSA (La columna de Lanata en Libre 26-05)


JUANITA Y LA PRENSA

El primero en curarse en salud fue Chiche Gelblung, en los micrófonos de radio Mitre, que fue la primera radio en dar la noticia. Juan Viale perdió su embarazo y entonces Gelblung dijo:
– Acuérdense de lo que les digo, ahora le van a echar la culpa a la prensa, como fue el caso de la muerte de lady Di.
A lo largo del día la noticia gano las primeras planas y, y aquella pregunta comenzó a tomar forma de fantasma: ¿La nieta de Mirtha Legrand se descompensó por el acoso?
Hubo quienes pusieron los ojos en blanco y recordaron oportunamente que su segundo embarazo había sido complicado, fruto de varios meses de reposo en Chile. Pero aquel argumento era, a la vez, un arma de doble filo, motivo de más para “cuidarla” frente a un conflicto. Ahora todos se han disfrazado con gestos austeros y miradas graves, tratando de ocultar el espanto, la sorpresa y –quizá – un pequeño sentimiento de culpa. ¿Habremos tenido que ver? Es como aquella fiesta en la que todos animaron al borracho, y lo arengaron, y le festejaron los chistes malos hasta que el borracho mató a un invitado de un botellazo en la cabeza. Vista en perspectiva, la cobertura del escándalo Viale – Lousteau – Valenzuela fue digna de la caldera del diablo: moralina de pequeño pueblo del interior, donde las abuelas se santiguan y las tías solteras sueñan en secreto son haber estado allí. No hubo otro tema en la Argentina durante semanas, y el mal manejo de los protagonistas, encerrados en un silencio total, solo hecho nafta al fuego. Los periodistas se transformaron en jauría: hubo guardias interminables, cámaras ocultas, versiones disparatadas y muchos límites corridos para buscar una verdad que, en el mejor de los casos, solo le correspondía buscar a los protagonistas. Eso alcanza para descompensar a cualquiera, embazada o no. El “delito” de Juana Viale había sido la infidelidad en la vereda; los mismos “periodistas” que la condenaron se callan la boca a diario frente a decenas de infidelidades que conocen, pero suceden puertas adentro. Las de ellos mismos, sin ir más lejos. Aunque, claro, ellos no son noticia.

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