ISLANDIA (La columna de Lanata en Libre 09-06)


ISLANDIA

Islandia es, hoy, lo que Argentina no se animó a ser. El ex primer ministro conservador Geir H. Haarde será enjuiciado por “negligencia grave en la gestión de la crisis”. Los islandeses no le perdonan el haber querido trasladar al público la deuda de los bancos. ¿Les suena? Los bancos islandeses quebraron en 2008: Habían hecho hasta entonces una especie de paraíso financiero donde alemanes y británicos depositaban su dinero negro con tasas altísimas. Hubo un corralito, subieron los impuestos, se llevo a cabo un fuerte recorte del gasto público e Islandia tuvo que pedirle ayuda al Fondo Monetario Internacional. Los islandeses se negaron a asumir las deudas de sus banqueros, Holanda e Inglaterra tuvieron que devolver 4 mil millones de euros a sus propios ahorristas, y ahora pretenden recuperarlos. Un referéndum lo evitó: Islandia terminó por nacionalizar los bancos quebrados y detuvo a los banqueros con INTERPOL. Islandia fue, como Irlanda, (también ahora ciada en la desgracia) un laboratorio privatizador en los ochenta, ya que el gobierno privatizó la pesca, bajó los impuestos y privatizó todo lo que se movía. Pero la pizza con Champagne se desbocó: los nuevos ricos islandeses comenzaron a comprar Oxford Strett, bancos en Escandinavia, clubes de futbol de la liga inglesa… a bolsa triplico su valor entre 2003 y 2007. El precio de los inmuebles se triplicó también. Finalmente, la burbuja exploto, y los bancos perdieron 100 mil millones de dólares. Así, los islandeses tuvieron que vender sus Land Rover, y las motos de agua, y la casa de fin de semana. Hoy la desocupación volvió al 15 por ciento. El gobierno conservador cayó y la socialdemocracia se impuso. Los islandeses, los que dijeron que no, ahora también discuten una reforma constitucional: saben que es necesario cambiar las reglas fundamentales; agregar más democracia a la democracia. No creyeron en los políticos profesionales para esa tarea y, organizados en asambleas, nombraron a 24 ciudadanos comunes para reformar la ley: un panadero, un ingeniero, una maestra, un dentista. En eso están, animándose a ser mejores.
Las revolución silenciosa

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