Mini entrevista a Enrique Vazquez.


Desde que públicamos algunas de las columnas que jorge Lanata escribe en el diario Libre, de la editorial Perfil, sucedió algo muy extraño. Con motivo de las idas y vueltas, de las peleas (muchas de ellas absurdas pero también útiles), y de los nuevos conceptos que se fueron dando en los distintos medios entre periodistas, operadores o lo que sea que se sea, nos encontramos en medio de la respuesta que Enrique Vazquez tenía para ofrecerle a Chiche Gelblung, a Jorge Lanata y que también ligó de arriba Gabriel Levinas.

Publicamos esa respuesta y como dijo Lanata en otra de sus columnas, la respuesta “recorrió los pasillos de twitter>”. Así fue que decidimos servir de medio para que Vázquez pudiese decir lo que quisiera, en eso estábamos, dándole forma a una entrevista por mail, cuando Vázquez, ofendido, decidió no contestar mas preguntas.

Quedo esto que podrán leer más abajo, además de un silencio de unos cuantos dias y las conclusiones propias de cada uno de ustedes, que vienen acompañando este sitio, y que desde acá, tanto se agradece.

Enrique, ¿nos puede contar como se siente después de este episodio en el que se vio involucrado que nació de un comentario suyo sobre Samuel “chiche” Gelblung?

La sensación predominante es de vergüenza: nunca imaginé verme arrastrado a un puterío como este. Me siento abochornado, con lo que la palabra conlleva de calor y prurito. Quisiera corregir un aspecto de la pregunta formulada: yo no hice comentario alguno “sobre Samuel Gelblung”, sino sobre la actuación profesional y los métodos de Samuel Gelblung. Son dos cosas distintas. Creo que debe analizarse y revisarse continuamente el periodismo que ejercimos -todos los que tenemos más de 50 años- durante la dictadura. Una cosa era trabajar en las publicaciones de la época -sometidas o cómplices- y otra cosa muy distinta era alterar de modo sustancial el modo de ejercer el periodismo. Tolero, incluso, que haya habido coincidencias políticas o ideológicas con los dictadores; lo que rechazo es que se hicieran parecer como propias las “investigaciones” -que eran en realidad seguimientos, persecusiones y hostigamientos- de los servicios de inteligencia.

¿Esperaba las respuestas de Levinas y Lanata, que piensa sobre la reacción de ellos?

No conozco tales respuestas ni sé si las ha habido. A Lanata le respondí yo, pero no sé si continuó con el intercambio de opiniones.
Levinas es un señor que un día, hace no más de 4 años, me llamó a los gritos por la calle Sarmiento, entre Reconquista y San Martín, para saludarme y decirme que estaba encantado de conocerme. Después montó toda una operación -con un elevado costo de tiempo y dinero- para denostarme y desvirtuar notas y situaciones personales. Tengo referencias sobre su salud mental y sus preferencias sexuales que por buen gusto y decoro prefiero mantener en reserva.

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