El mundo del revés en las elecciones de la Ciudad de Buenos Aires


Terminó una semana más, los candidatos porteños recorren los barrios y tratan de explicar que es esto de los comuneros. Nadie a ciencia cierta quiere pensar en una ciudad llena de pequeñas intendencias, nadie quiere pensar en algo colectivo que no sea un nuevo engranaje de corruptelas. La cabecita del ciudadano promedio porteño, tan afín a los buenos tratos y las comodidad se prepara para criticar o desconocer a los próximos jefes de comunas, que serán, una vez más, para quienes manejen con menos delicadeza el aparato.

Pero ¿a quién le puede importar la ciudad en una ciudad que se cree un país? – Quizás, sobre todo, a quién lo necesite. ¿Pero a quién le importa los que necesitan? ¿Quienes son los que necesitan en la ciudad? ¿bolivianos?, ¿paraguayos?. La mitad de las tías de la cuadra piensa que si, la otra mitad piensa que los que necesitan son solo vagos y provincianos.

Con ese panorama Pino Solanas sale a la calle a repartir constituciones municipales, Filmus sale a las esquinas de Flores a contar lo amigo que es de la Presidenta. Macri, Macri es ese enigma publicitario y torpe que le funciona a la mayoría, Macri es la respuesta a todas las preguntas de cualquier curso de publicidad. Hacer lo que haga falta para vender el producto. Y Macri es un producto de la propia economía de mercado, y no lo niega, y es normal que pase así en este tipo de sociedades preocupada por conseguir el crédito para el LCD.

El error, el posible error de los candidatos de la progresía porteña es justamente no apoyarse en lo que creen y pretender ganarle a Macri con el discurso de Macri. Ninguna de las tías a vuelto a Pompeya desde que se pudo comprar la casita en mataderos, no volvió al hospital y hace años que dejo de mandar chicos al colegio. No imagina una ciudad distinta porque, justamente, ya no imagina. Porqué no nos convidan con el sueño de una ciudad mejor, distinta, más solidaria, más compasiva, una ciudad que abarque a más, que los abarque a todos, a todos, por que nadie se acuerda de Juan Quispe, muerto enamorado de un balazo en el pecho en la toma del Indoamericano, en la toma de tierra para no vivir hacinados y por ahí, quizás puedan encontrar la sensibilidad en estos días de frío en que El Borda sigue sin gas.

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