FICCIÓN (La Columna de Lanata en Libre 27-07)


El poder es, siempre una ficción compartida: esa ficción necesita a quienes piensan que alguien lo tiene a quien cree tenerlo. No hay esclavo sin amo, y al revés. Es como si los demás, al creer en él, le “otorgáramos” el poder a quién lo detenta: un puente que se va construyendo mientras caminamos por él. Como casi todas las cosas que nos desvelan, el poder es inmaterial, como la felicidad, o la tristeza, o el dolor profundo, o el miedo. Nosotros, la única especie animal capaz de vender a su madre por un BMW nos movemos en el mundo por abstracciones: podemos perder la vida por la PATRIA, trabajar 20 horas diarias buscando la felicidad, armarnos hasta los dientes en busca de la paz. Lo sólido, otra vez, se desvanece en el aire y el encanto imnotico del poder puede romperse. Hasta hace unos meses, el gobierno vivía la seguridad del triunfo de octubre como una fatalidad: Cristina ganaba fácilmente, y su imagen positiva se mantenía firme y blindada en el respeto reverencial hacia la viuda que levantaba en alto el legado de su esposo. Se sabe que la muerte mejora: Néstor Kirchner ya se había convertido solamente en “ÉL” y la construcción mediática del mito creció en paralelo a los homenajes del catastro: nunca en tan poco tiempo, tantas plazas, avenidas, recovecos y campeonatos de fútbol fueron rebautizados con tanto vértigo por la historia reciente. La grieta comenzó a abrirse en la elección de capital y siguió luego con la de Santa Fe (la de Córdoba, en la que el kirchnerismo ni siquiera compite, seguirá el mismo derrotero). Un 70 u 80 por ciento de los votos fue contrario al gobierno nacional, que en ninguno de los dos casos se dio por aludido. Los que hubieran sido triunfos de Cristina, resultaron derrotas de Filmus y Rossi: obediencia debida electoral. En el caso de Filmus, la derrota sirvió para que su discurso cambiara de Rosa Luxemburgo a Hare Krishna: la campaña se llenó de corazones. Santa Fe, el gobierno festejo el triunfo de María Eugenia Bielsa y Aníbal F. evaluó que el resultado de los comienzos merecía una botella de Chandon: no se sabe si para festejar o para olvidarlos de una vez. En cualquier caso, la grieta comenzó a abrirse. John Lennon hubiera escrito “the dream is over”. El poder, efímero, ahora discute la posibilidad del ballotage de octubre.

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