Consuelos


¿Qué pasó entre el espacio que dejó la muerte y la cadencia que inspira la vida?. ¿Quién definió lo cierto y lo incierto en este enjambre maquiavélico del que, nosotros, apenas, argentinos, somos espectadores?
Miles y miles de vivos acompañaron el cadáver de un muerto convencidos del nacimiento de un mito. Apiñados en torno al calor de un fuego que creen difícil de apagar. No importa el movimiento porque solo importa justamente, el movimiento. Un movimiento de otro nombre que ya no corre tras las consignas que deletreaba el viejo general.
Este terco que tiró sobre la mesa temas que quisieron olvidarse en el país no es más que un solo terco. Un papá. Para algunos bueno, para otros malo. Para algunos rico, para otros miserable. Pero uno solo.
Un solo tipo con aspiraciones de héroe, un tipo algo indescifrable o básico, común, cualquier usurero del montón. ¿Quién lo sabe realmente?. Ni la perspicacia de Barone, ni la singularidad de Majul pudieron abrir el juego en este gran enredo de palabras gastadas en que se ha convertido el sin fin de periodistas paradas tan seguros de sí, en una u otra vereda.

¿Qué pasa entre con el espacio que dejó la muerte? ¿Qué pasa con los lugares que quedan sin ocuparse? ¿Qué pasa con la finitud del universo?.
A meses de la muerte de Mariano Ferreyra, a días de la muerte de la abundancia europea y la seguridad estadounidense, el mundo sigue siendo el mismo, tan apocadito, como decía mi tía cuando hablaba de mí.

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