Sobre la Percepción (Victor Hugo Morales en Tiempo Argentino)



EL RELATO

Sobre la Percepción

Se vive de las percepciones no tanto de la realidad. Se crea un conjunto de datos que pueden ser manejados para que den una idea de lo que se quiere hacer trascender. El periodismo se ha enamorado del juego y ya no importa lo que es sino lo que parece. Las intenciones más aviesas prosperan por ese camino y la sustitución de la información pura ya es un lujo innecesario porque el objetivo no es la verdad, si la misma existiere. La meta es conformar una apariencia cuya superficialidad, aun si evidente, no altere el resultado que se busca. En el caso del doctor Zaffaroni, con tres inquilinos fuera del control del juez de la Corte una organización cuyos fines pasan con suavidad el rito de la confesión por los buenos vínculos con la Iglesia, y una mafia periodística que sabe combinar los títulos amarillistas con el tratamiento más elegante de los diarios influyentes, puede lograrse que uno de los hombres más valiosos de la sociedad deba explicar que no está participando del negocio de la trata de personas. La insistencia de zócalos televisivos, el inevitable “levante” de los diarios supuestamente más serios y el aguijón de los grandes títulos amarillos de los que no tienen tanta vergüenza en mostrarse como son, una repugnante baba de animal furioso, crean esa percepción. Y el remedio no parece ser enfrentarla. Hay que recurrir a la paciencia y dejar que se evapore. Con el proyecto del nuevo torneo para unificar las dos categorías principales del fútbol argentino pasó algo parecido. Una vez que le dieron forma a la percepción, la misma se llevó por delante todo raciocinio. Ya no importó la discusión sobre el campeonato, sino el origen de la idea. Después de instalada la idea de que el asunto venía de “arriba”, se hizo más difícil comentar el error teñido de implicancias políticas. Habrá que esperar un tiempo para que se sepa toda la verdad y cuando llegue el momento de conocerla, seguramente ya no tendrá importancia. Pero, eso sí, la idea, cualquiera sea la célula que la engendró, es un error que parece haberse disuelto pese a quienes creen que cuando se reúnan, dentro de unos meses, habrán de mantenerla. Pensemos un instante cómo sería el torneo si la asamblea votase en noviembre que los “40” se vuelven todos “principales”. Para River, el más señalado de los casos de protección indebida los próximos 38 partidos carecerían de valor. Un año tirado a la marchanta, porque si gana la B Nacional, o termina entre los de abajo, igualmente será “de Primera” cuando empiece el campeonato unificado de 2012. Pero si, como se ha dicho en las últimas horas, ocurriese que todo empieza como Dios manda y al final de 2011 se puede reconsiderar la misma idea, el desastre sería peory la credibilidad futura se marchitaría para siempre, porque se habrían realizado gastos carentes de sentido. Es más grave el anuncio a mitad de camino que el que se intentaba formalizar ahora. Lo mismo sucede con el resto de los favorecidos, llámense Boca, Racing o San Lorenzo, todos ellos algo comprometidos con los descensos, a los cuales el favor los dañaría mucho más de lo que pudiera beneficiarlos. El deporte necesita de la crueldad del resultado. Robarle eso es privarlo de su esencia. Decirle a la gente, a los de River quédense tranquilos que en 2012 están de nuevo en Primera, sin habérselo ganado, es un insulto. El hincha pide algunas injusticias, pero esa sobrepasa los límites.

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