TIBIA AUTOCRÍTI-K (La Columna de Lanata en Libre 02-08)


Dos más dos, se sabe, nunca es cuatro. O es cuatro a veces, o depende. Producido el ballotage comienzan las interpretaciones y entonces los números se ablandan, o endurecen. E l gobierno parece haber entendido, al menos, una parte del mensaje: Cristina tardó tres semanas en encontrar el teléfono de la jefatura de Gobierno (desde la primera vuelta) pero finalmente llamo para felicitar, Filmus moqueó que debía tomarse la derrota con humildad y hasta los ojos del ministro de Trabajo, dicen, se llenaron de lágrimas oportunas. No todo se puede: Aníbal Fernández solo dijo que, después de todo, son la segunda fuerza en la ciudad; seis, siete, rocho solo hablo del default de los Estados Unidos y Tiempo Argentino editorializó que el peronismo nunca ganó en Capital (Erman González, perdónalos, no saben lo que escriben). En paralelo, una nueva teoría estadística comenzó a flotar: uno de cada cuatro votantes de Macri votaría a Cristina. La extrapolación es extraña: si fuera cierto, ¿Por qué, entonces, no votaron directamente a Filmus? Nadie lo sabe. La cuenta en verdad es imposible de sacar: nadie les preguntó en boca de urna a quien querrían votar para presidente, de modo que la afirmación inaugura una nueva subciencia: la intuición estadística. Del otro lado, mientras festejaban con un oportuno tema de Fito Paez, comenzaron a pergeñar el futuro de Macri en una presidencia para el 2015. Es inevitable: siempre, en cada elección, el que gana cree que tendrá para siempre la vaca atada. La vaca, apenas puede, se desata y demuestra que su conducta es volátil. Mal haría el reelecto jefe de Gobierno en pensar que todos los votos del ballotage son solamente suyos: el voto antigobierno fue crucial en la ciudad, del mismo modo que sumo el 80 por ciento del comicio en Santa Fe. El periodismo oficial se llenó la boca asegurando que Macri logró el 80 por ciento en Recoleta, como si el barrio norte fuera toda la Capital. Macri ganó en todas las circunscripciones, también en las que limitan con el conurbano. Y también en Palermo, poblada de voto joven, donde se impuso por 70 a 30. Para la panegirista oficial Sandra Russo, Buenos Aires es “el dique de contención de ideas fracasadas”: un exceso de masoquismo por metro cuadrado. Los números, se sabe, dan para todo: pocas cosas hay tan imprecisas.

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