En veda


Es curioso como una pandilla de insignias con poco ánimo de cambiar las cosas, nos tenga acá, sosteniéndoles la vela, un domingo previo a las elecciones de la democracia. Yo solía leer las reflexiones de Fontevecchia cuando era chico, claro, todavía era chico, luego, con el paso del tiempo y ciertos desmanejos de la publicidad oficial descendí a los infiernos oficialistas, porque eran, ellos, la mierda kirchnerista, pero claro, ya no era tan crédulo. Después volvieron los sindicatos y las paritarias y recordé muchas veces las charlas con el viejo, en donde me hablaba con suficiencia de la libertad, de la dignidad y del coraje, esa virtud que solo se puede cultivar, que no es producto del virtuosismo, sino de la rebelión, de la locura o el fastidio.

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