Primera editorial de la Revista El Porteño


Gabriel Levinas escribe la carta del director del primer numero de la revista en enero de 1982 (Quizás la escribió antes, en diciembre del 81, todavía no lo sabemos). Todavía faltaba todo para nosotros. Yo todavía no había cumplido un año. Malvinas todavía no generaba pesadillas, Alfonsín era una ilusión, la democracia también. Y todo lo otro, Mundial 86, Maradona, Aldo Rico, Hiperinflación, Menem, uno a uno, reelección, Duhalde, Frente Grande, Chacho Alvarez, De la Rúa, Duhalde otra vez, Kirchner, Cristina. Y el texto sigue igual de vivo, plantea las mismas cuestiones, y aquella juventud que fue, sigue siendo. La historia que ocupamos es chiquita, cada año es un instante en la evolución, eso resta perspectiva y suma esperanzas. Seguimos negando a las comunidades indígenas, pero nos podemos casar entre nosotr@s. Y en ese recorrido leernos 30 años atrás puede ser útil.
Y para entender a Levinas lo vamos a ir a buscar, en los próximos días, lo mostramos.

Por Gabriel Levinas

La aparición de una nueva revista en las circunstancias actuales puede parecer insensata. De hecho, lo es. También es cierto que escucho hasta el hartazgo elocuciones y declaraciones que se anuncian a si mismas como sensatas y cuyos resultados están a la vista. Parece alocado pero un día, tener un proyecto y correr un riesgo, tanto personal como colectivo. Veo mucha gente paralizada, a la espera. De las dos formas de la locura posible, algunas personas y yo hemos preferido la aventura de una tarea y hemos logrado un acuerdo básico que acepta el disenso y por el cual emprendemos el camino contrario al habitual en la mayoría de las revistas, durante los últimos años.

Que no nos ocupemos de los avatares de la sucesión presidencial no se debe solo a las características propias de un mensuario: nada puede modificar cuando las elecciones están suspendidas hasta nuevo aviso y tanta gente carece de participación.
Por otra parte, parece que el país se sostiene (tan difícilmente) a través de esfuerzos individuales y privados, según la evaluación de cada persona y cada familia, según su imaginación y energía. Pero en el país y en el mundo, al margen del palabrerío y de las mezquindades del poder, suceden eventos y existen problemas que hacen a la vida de la gente y perfilan el futuro.
Ciertamente, a este porteño le interesa mucho lo que vendrá y no es el porteño de la esquina con la ñata contra el vidrio. Quiere hacer otra cosa que la que hace Minguito y su barra de café y no le gusta estar amurado. No le gusta limitarse a la imagen folclórica ciudadana como si tantos millones de habitantes se conformaran con dejarse cebar el mate con la vieja. Nunca bastaron los clises, pero estimularlos y difundirlos hasta el cansancio se vuelve sospechoso. Para aclarar al lector: para nosotros son tan porteños, Rivero como Spinetta, el polaco Goyeneche como Borges.
La revista fue diseñada según un procedimiento en el que interviene muy a menudo el azar. Des pues de conversar con un amigo y hablar del proyecto, pensé que todavía faltaba el impulso que eliminara todas las previsiones innecesarias y descubrí que la revista era una apuesta. Debía aceptar la casualidad en detrimento de la causalidad. Mezcle un mazo de cartas, corte y salieron, en una serie, varios números que me sirvieron para localizar un libro: Obstetricia. Tomé otra carta, que dio el ocho, “trabajo de parto”.
Cuando un país está en una etapa que ofrece pocas certidumbres a sus ciudadanos, no esta mal reconocer que uno esta librado a fuerza no muy conocidas que los científicos podrán llamar probabilidad o inconsciente. Y la respuesta “trabajo de campo”, me produjo risa (la risa del descubrimiento) y no solo me pareció acertar un pleno en una ruleta simbólica, sino que empezó a definir alguna de las características que irá teniendo la revista. Asocie entonces parto con origen y decidí que teníamos que ocuparnos de las comunidades indígenas de la Argentina. No desde el punto de vista antropológico (que es otra tarea), sino informativo, contando, simplemente, como viven hoy quienes habitaban originariamente esta tierra, que ha pasado con sus culturas y sus identidades. Comenzamos con una pequeña expedición a El Impenetrable (Chaco), a cuyo influjo debo algunas de las sensaciones más fuertes de los últimos tiempos. Miguel Briante escribió el relato de viaje que puede leerse en este número y la fotografía estuvo a cargo de Alejandro Lutteral y Alfredo Baldo.

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3 comentarios en “Primera editorial de la Revista El Porteño

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