En el mejor de los mundos posibles.


En el mejor de los mundos posibles, Gabriel Levinas me decía que le resultaba patético que teniendo a la SIDE de tu lado, a la Federal de tu lado, a los ministerios de tu lado, a la plata de tu lado, puedan tildar de heroica la situación actual de la militancia Neocamporista . Que el mal menor, dicen, es mejor, más seguro. Pibes de 25 años preocupados por la seguridad y no volver a los noventa, dicen. Pibes que asumen que el país esta mejor porque hay record en la fabricación de autos. Pibes a los que les alcanza ganar, no importa cómo, ni por qué.

Pibes que no saben o no quieren saber que Néstor Kirchner cobra en el Banco de Santa Cruz un interés del 24 por ciento anual en dolares, cuando, en ningún sitio, en ningún lugar se paga más del 5 por ciento. Pibes que no quieren saber que lo que Hebe calla. Pibes que no saben y no quieren saber que la ideología siempre tiene que servir para explicar las cosas y no para confundirlas. Porque a fin de cuentas, lo único que nos queda es la libertad de decir que no. Y si eso tiene un precio, entonces, es simple, no nos queda nada.
En la Fundación La Alameda miran con asombro las campañas mediáticas por ensuciar su pelea. La entienden, lo asumen y saben que no queda otra, que el sistema funciona así, de todos modos, saben, que alguna vez Marcia González, la proxeneta que alquilaba cinco departamentos del juez Zaffaroni de manera directa a Montivero, mano derecha y un poco izquierda de Eugenio tendrá que explicar algunas cosas. . Saben que alguna vez esta gente volverá a la tapa de los diarios y alguna vez irán presos, pero sobre todo alguna vez se sabrá que pasa con ellas, y porqué, aún hoy, unas semanas después de que los departamentos en donde funcionaban los prostíbulos fueran desalojados, nadie sabe que fue de las chicas que trabajaban ahí, señoritas de 20 años llegadas de República Dominicana o Paraguay para ejercer la prostitución de la que el juez no tenia ni noticias, como no tenia noticias que de las miles de inmobiliarias de Buenos Aires, justo fue a darle la administración de sus 16 departamentos a la que no tenía habilitación, como no tiene idea de donde están los contratos que nadie muestra. En el pueblo donde crecí, a eso lo llamaban trata de personas, pero no hay medios ahí, ni tampoco hay medios preguntando que pasó con Luciano Arruga, ni con Julio López, ni quién mando a pegarles a los militantes de Encuentro en la localidad de Merlo, o a los que mataron en Jujuy, o en el Indoamericano. El mal menor dicen. Y con eso alcanza, con esto alcanza. Con ganar, parece que alcanza. Con motivar la economía y luego todo se derrama, pero no alcanza para aumentar impuestos de los poderosos, porque los poderosos están en el poder. Y no alcanza para eliminar los subsidios de las piletas climatizadas en los barrios del norte. si en cambio el enemigo, Clarín, termina llevándose todos los esfuerzos de la pelea por un país mejor.
Pero como la ideología se murió aplastada por la caída del muro, los pibes de 25 no preguntan porque se les sigue quitando la tierra del impenetrable chaqueño a los Qom o a los Wichy. Porque no se puede preguntar y la cosa es así y el cambio es progresivo. Sin embargo, esa cajita feliz en donde siempre hay un juguete para alguien, tarde o temprano no alcanza, con el sistema así no alcanza. Pero los jóvenes no hablan de eso porque lo que viene podría ser peor. Entonces se dibujan en las paredes las miradas extraviadas de un muerto que va a tener un mausoleo egipcio en Santa Cruz, un tipo que sobre todo quería tener plata, así de chiquito, así de cortita la mirada extraviada de un tipo que quería el poder para tener más poder.
Y se confirma así, la estupidez de nuestra generación, crecidos con miedo por padres que se sintieron o culpables o asustados, nos dieron a entender que lo mejor es no meterse y que los héroes, los únicos héroes posibles se los chupo la dictadura, y que los nuevos no podemos ser mejores que aquellos, que ni lo intentemos y que sigamos acostumbrándonos a una monotonía absurda y que el cambio, el mejor y único de los cambios posibles es este, el mejor de los mundos posibles, diría ya hace mil años, Voltaire.

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