Acampe.


El plan Argentina trabaja tiene un salario promedio de $1100. Las cooperativas que la forman deben participar en algún proyecto productivo para acceder al plan que se cobra con tarjeta magnética por cajeros automáticos. Tudo Bom, todo legal.
Hace unas semanas distintas agrupaciones de los barrios se plantaron en un reclamo que vienen haciendo desde hace más de un año por la actualización de los montos en los salarios.
La consigna era quedarse hasta conseguir respuestas. No lograron respuestas, si promesas y al poco tiempo partieron.

Ocho Pibes juegan a la pelota en la 9 de julio, son las 9 y veinte de la noche y los cronistas de los noticieros se preparan para trasmitir la noticia. En breve algún delegado saldrá a informar que se levanta el acampe. La pelota recorre la avenida más ancha del mundo y las luces de corrientes alumbran los perfiles del obelisco. Cada veinte metros, pequeñas asambleas de quince o veinte personas discuten la reunión que a la tarde tuvieron en el Ministerio de Desarrollo Social. Ese edificio enorme que mira al sur, con la cara de Eva Duarte.
Alguien me invita a jugar y otro me ofrece un sándwich de saláme, unas señoras rearman bolsos que habían desarmado para quedarse varios dias, pero la presión ya las convenció de que lo mejor va a ser marcharse. Desde un camión del PTS alguien a viva voz dice que han salido disconformes de la reunión, que no alcanza, pero que levantan el acampe porque así demuestran buena predisposición para dialogar.
Estos son algunos de los pobres pero casi todos los que luchan. Me quedo con el sándwich, y recorro la avenida hasta la asamblea de Quebracho, en donde ya están decididos a levantar el campamento. De frente a mi dos tipos alzan y juntan cañas, palos, hierros, con los que hasta no hace más de diez minutos sostenían banderas con la mirada llena de orgullo. Ahora las amontonan, las cargan debajo de un brazo y se marchan, dejan la manifestación para otro día y cada cual se vuelve a su barriada.
Una rubia grita que son todos traidores, que los cagaron, que ellos no tienen ni comedor y que negocian mierda que no les sirve a nadie, otro pelado con remera negra, dice que para los medios deben mostrar unidad, y la rubia le grita en la cara a un Gustavo, ¡Vos vas a dejar una lucha en la mitad! ¿Vos? Y todo se vuelve confuso, entre los ruidos, los gritos, los reclamos y los distintos micrófonos. Alcanzo a divisar más cerca de avenida de mayo las luces de las cámaras de televisión, ellos, en definitiva, son los que van a poner el fin a la protesta, en cuanto un delegado se acerque a los cronistas y diga que el acampe se levanta, ya no habrá nada más que hacer por hoy.
– Hay peleas que hay que darlas con la cabeza, le dice Gustavo a la rubia. Y se arman dos partidos más y nadie se acuerda que en diez minutos empieza el amistoso de la selección nacional contra Brasil.
Estos son algunos de los pobres pero casi todos los que luchan. Una mujer de unos cincuenta años, se mira las manos, está sentada sobre el asfalto y se mira las manos, alguien le da un mate que no tarda en llenar con agua de un termo para seguir, un tiempo más, mirándose las manos, viejas, están viejas. Alguien saca fotos, me saca una foto. – Hay que meter diputados del Frente de Izquierda en el Congreso, grita el vocero del PTS desde un camión y para una notable multitud, vamos a estar acá las veces que haga falta. Nos prometieron el aumento, no hay fecha ni monto pero nos prometieron el aumento y nosotros tenemos que empadronar a todos porque el que no esten empadronados se caen del programa. Sépanlo aquellos que están con changas y que fueron abandonando el plan porque no veían perspectiva, dice.
– Nosotros vamos a hacer lo que nos digan, me dice un pibe al que le alcanzo la pelota y le pido un cigarro. – Vinimos para quedarnos, pero estos forros están aflojando otra vez.
Los cámaras se acercan a tres personas que enfilan a los camiones en donde dos productores gordos comen pizzas de Uggi`s, En breve, en breve nomás todo habrá terminado por hoy, la policía avanzara sobre los menos que no se rinden y que gritan al vacío que no es bueno que se vayan, que habían venido para quedarse y que las cosas no se hacen así.
Algunos cronistas radiales también acercan sus micrófonos y teléfonos, los pibes dejan de patear la pelota, se quedan quietos, un gordito la toma y parece guardarla en una mochila.
-Nos vamos, dicen. Y se van.

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2 comentarios en “Acampe.

  1. Excelente crónica. Felicitaciones.
    Sorry, pero yo ya no aguanto más a los de izquierda, me parecen tan pero tan atrasados!
    Me parecen pendeviejos, protestones y lentejas. Como que cualquier peronista se los empoma sin esfuerzo, no?
    Son un poco como esas putitas que encontrás en las fiestas, que de entrada discuten firmes sobre la igualdad de la mujer y eso; y después por un porro te chupan la pija en el zaguán.
    En la escala zoológica serían lemures, que te miran vivaces pero en realidad ni monos son.
    Te pregunto porque no se: todavía dicen que son marxistas o se hacen los otarios si les sacas el tema?

    • Gracias por el comentario, un poco prejuicioso pero esta bien. Siempre voy a tener faso en los bolsillos por si se da la situación. No es cuestión de andar dejando pasar buenas historias.

Comentario recibido, muchas gracias.

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