Entrevista a Gustavo Noriega. Una visión del árbol pero también del bosque.


Lo primero que aparece es la imagen de un Noriega discutiendo acaloradamente con el Chavo Fucks en aquellos años en los que estábamos todos mirando como Petinatto le daba forma al primer Duro de Domar. Después aparece un Noriega rodeado de latas de super 8 y revistas El Amante desparramadas por el piso. Lo raro empieza cuando se lo vislumbra a Noriega disertando en la Feria del Libro presentando su libro sobre el INDEC y poniendo el cuerpo a una discusión que se empezaba a desmadrar. Y también está Noriega en la radio, a la mañana en Continental y a la tarde en La Red y también está en Twitter en donde se parece a la época.

A dos cuadras está el canal América y el edificio en donde funciona radio La Red. Nosotros comemos carne con papas en el comedor más rápido del mundo, acá hay ruidos de platos y tazas que se lavan y un reloj antiguo que marca las 13:15. No es tarde ni temprano.

Gustavo Noriega

¿Cómo y desde cuando existe tu relación con INDEC?

En mi caso estudié Ciencias Biológicas y una vez que terminé la carrera me dedique a la estadística. Me relacionaba mas con la estadística que con la biología y en el año 88 empecé a trabajar en INDEC para hacer procesos de censos y encuestas y lo hice hasta el año 2004. Mientras tanto yo tenía una vida paralela que era la revista El Amante, la revista la fundamos a fines del 91 y hasta ese momento yo solo era biólogo.

¿Y eso hasta cuando duró?

Hasta que empecé a laburar en tele. Yo siempre me quería ir porque no era lo que me interesaba especialmente aunque le tenía mucho cariño, me llamaba mucho la atención que los técnicos laburaban bien y eran la antítesis de la idea que hay del empleado público. Estos eran tipos responsables, técnicamente capaces y estaban muy orgullosos de lo que ellos hacían y cuando se arma el quilombo, yo enseguida pensé que INDEC no era un lugar a donde vos podías ir y meter palo asi nomas. Pensé la intervención iba a durar dos o tres meses pero no fue asi.

Me sentí entonces en la obligación de contar esa historia y me pareció importante poder contar la situación y en el 2009
me puse a investigar sistemáticamente lo que estaba pasando y eso es lo que publicamos en el libro.

Mientras estabas con la vida paralela en EL AMANTE. ¿Cómo fue eso?

Se nos ocurrió hacer el catalogo de un video club con Quintín y Flavia dela Fuente a fines de los ochenta y principio de los noventa. Para nosotros la aparición del VHS y el furor que fue no tenia que ver con la destrucción del cine sino al revés, podíamos pensar en tener acceso a todo el cine del mundo. Nos resultaba a nosotros un elemento muy democratizador.
Y después se nos ocurrió hacer un libro sobre críticas de cine y aparecieron unos chicos que querían hacer una revista y con ellos empezamos la revista, después estos chicos se fueron y seguimos nosotros solos.

Había una época en donde se buscaba comunicar de otra forma, hacia unos años estaba Página/12 y había sido un éxito.

Lo que pasaba en esos momentos es que no había ningún lugar donde podías leer algo de cine más o menos decente. Las críticas de los diarios de ese momento eran muy malas, estaban muy mal escritas, había mucho amiguismo con el cine nacional y cierta corrupción.

¿En ese contexto sostener la revista con vida fue…?

Una pesadilla. El número uno de diciembre del 91 costaba 48 mil australes. Hemos pasado monedas y monedas y con el uno a uno se nos permitió mas o menos tener una planificación. La convertibilidad en ese sentido nos permitió poder tener algunos ahorros, somos hijos de la convertibilidad.

¿Alguna vez no salió la revista?

En enero de 2002, cuando se rompió el uno a uno. El papel era de Finlandia y ese mes no salimos. De todos modos, la revista nunca dejó plata a nadie, fue solo un esfuerzo sostenido entre varios.

El prestigio es producto del esfuerzo o de la calidad. ¿Cómo se logra prestigio?

No tengo la menor idea. La revista desde lo formal siempre disimuló que era una revista pobre, siempre pareció mucho más de lo que era. Lo que sí es importante es la persistencia, hay una presencia constante de mes tras mes que me parece relevante para explicar el prestigio. Pero nunca tuve tiempo de reflexionar ese tema, es que uno está muy ocupado sacando una revista mensual.

En medio de la conversación un hijo adolescente llama al teléfono, le cuenta de una vuelta olímpica en el Nacional Buenos Aires, la misma historia que se repite y que entiendo, ahora es protagonista uno de los suyos. Noriega intenta trasmitir cierta calma pero en los ojos lo único que veo es orgullo, cierta reconciliación con el paso del tiempo.
¿Te preocupa no atrasar en el sentido de quedarte afuera de lo que pasa?

Yo no soy consciente de eso, el tema de la computación lo enganche apenas apareció, en la década del ochenta me compre una Atari que no sabía qué hacer con eso. Lo del Amante llegó por vía del diseño, siempre me interesó la tecnología pero nunca me ví a mi mismo como corriendo detrás de algo. Siempre busque una manera de expresarme para cada momento.

Al twitter me resistí mucho, me parecía una boludez atómica y ahora me encuentro Twitteando como un pelotudo todo el día con lo cual confirmo mi presunción anterior.

¿Cuánto interés tenés por el pasado?

Yo consumo los libros como los de Larraquy, los leo todos, medio de manera compulsiva leo más de la década del setenta que de cualquier otra cosa. Hay dos temas que me interesan muchísimo, uno es el Holocausto y otra la década del setenta y el proceso militar.
A mí lo que me violenta no es mirar el pasado sino la utilización perversa de eso, o sea, si tenés una discusión gremial y una de las partes te dice “por la sangre de los compañeros asesinados” eso me parece una utilización canalla del pasado.

Cuando Cristina dice de los goles secuestrados y que se yo hace una utilización del pasado de manera espuria y eso me violenta sistemáticamente.

¿Eso no genera los argumentos para convertirte en un clásico gorila?

Y un poco sí. Una buena gimnasia de discusión es como separan al el mundo en dos categorías, como si el mundo, una cosa tan compleja, se pudiera dividir en dos categorías. En una de esas categorías estoy yo y Cecilia Pando y eso es a lo que me opongo, a esa utilización legitimante que hacen de las situaciones. Vos agarrás Página12 y de treinta tapas en el mes, diez son con cosas que pasaron hace más de treinta años, con lo cual ya no estás haciendo un diario en donde lo que haces es hablar del presente. Ellos lo que buscan es legitimarse con una historia que no tiene discusión, si la dictadura fue mala y yo estoy en contra de la dictadura entonces yo estoy del lado de los buenos.

La discusión de los medios ahora tiene que ver con quién te paga. En estos momentos se analiza la actitud de ciertos comunicadores con la idea de qué o sos un empleado como cualquier otro que reacciona, en parte, de acuerdo a las órdenes que recibe o bien se plantea que un comunicador es distinto a cualquier otro empleado con lo cual se intenta poner a la prensa en un lugar de elite que no tiene. ¿Cuál es el equilibrio posible para encontrar respuestas para eso?

Es parte de lo mismo, se intenta reducir la discusión a dos casilleros. Entonces si vos trabajás en un medio, tenés una especie de culpabilidad por asociación, si vos escribís en Clarín no importa lo que escribís sino que hay una asociación que te lleva a Magnetto y Cecilia Pando y entonces se anula la discusión.

Yo siempre fui muy crítico de Clarín, el diario me rompía las pelotas por lo rutinario, por lo mediocre, por la chatura. La reacción del gobierno para Clarín ha sido tan desmesurada y con mecanismos tan poco honestos que me da mucha bronca porque yo era el que criticaba a Clarín cuando Kirchner cenaba con Magnetto.

¿Algo parecido pasó con Diego Gvirtz?

Ni hablar.

¿Qué pasó con Diego Gvirtz?


Él me cagó con el último programa, el Duro de Domar que está haciendo Tognetti. Me llamó y siempre nos juntábamos a almorzar, yo era muy amigo era el más amigo de sus empleados. Y como había sido muy crítico de 678 pensé que no iba a estar en el programa y me parecía una decisión legítima. Yo saqué notas en Crítica muy en contra de 678 y me pelee con él privadamente por el informe de la cámara oculta que le hicieron a Pagni, yo le dije que me parecía medio una mierda lo que estaban haciendo. Le dije que si estaba en un programa y salían con algo asi yo me levantaba y me iba.

Pero pasó que arreglamos para Duro de Domar en canal 9, me dijo que no había problemas, que no fuera duro con el gobierno todos los días y estaba muy bien. Me puse muy contento porque en ese momento necesitaba el laburo, eso fue un lunes. El miércoles me llama El Chavo y a la mitad de la charla me pregunta cómo era que no estaba en Duro de Domar, porque Tognetti andaba diciendo que no estaba. Yo lo llamé inmediatamente a Diego y me empezó a mentir, que por ahora no, que ya ibamos a encontrar otro espacio y terminé a las puteadas. Después de ahí nunca más hablamos.
Ahora cuando ves el programa te das cuenta que no podía estar porque es un programa superoficialista de batalla y para eso yo no servía. Lo que más me dolió es que Gvirtz me traicionó en lo personal.

No hablamos más de lo personal, creo en las discusiones de los hombres como variable indispensable para sentir afecto o desilusión por alguien.

En la radio

Hace dos años que vengo todos los días a la radio, me encanta, es mucho más grato que la tele, te pagan la tercera parte pero es mucho más tranquilo y con Majul tengo un espacio para hablar de un montón de temas. En ese sentido fue muy generoso conmigo y además estoy a la mañana con Magdalena, hago seis horas de radio por día y está muy bien.

¿Qué pensás de los contenidos libres en la web?

Yo creo que el papel no tiene futuro y creo que hay que encontrar la vuelta para sostener un plantel de profesionales dentro de un medio que no cobra nada. Estamos en un momento de transición que exige que todos tomemos conciencia que hay que pagar un poquito para sostener la industria.
Lo que permite la globalización es que vos le podes sacar un pesito a un millón de personas. Tiene que haber circulación de guita porque si no hay profesionalismo se pierden algunos estándares. Estamos todos buscando formas para seguir funcionando. Y me parece que está bueno el sistema profesionalizado, no me parece que un millón de tuiteros represente algo similar al periodismo.

Es muy difícil suponer que la gente entienda que tiene que pagar por algo que tiene gratis. Si Cuevana pasara a cobrar y a repartir esa plata en la industria yo lo pagaría con gusto.

 

Noriega

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