La crónica de la muerte de Tomás. El horror en un pueblo apacible


(…) En un calabozo del penal 49 de Junín, Cuello “llora y clama por su inocencia”, contó su abogado. Pero la última evidencia de la investigación parece desmentirla de plano: encontraron rastros del perfil genético del niño en la manija del Fiat Palio que manejaba el día de su muerte. Aislado, sólo puede salir al patio custodiado por tres guardias penitenciarios: apenas si llega a oír el desprecio del resto de los presos que ya lo apodaron “el asesino de chicos”.

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