Sobre la salida de Libre. El desagravio de los trabajadores de Perfil.


Desagravio a los trabajadores del Diario Libre Deportivo

Esta es la carta de despedida que publicó el martes 13 de marzo el ex director de Libre Deportivo, Edgardo Martolio, ex director del diario, realmente nos quiso decir a los trabajadores de Libre con la “fábula” publicada –casi a escondidas– a modo de despedida por el cierre del diario. Es una fábula que inventó para cubrirse del fracaso y manchar el profesionalismo y la honradez de los trabajadores del diario

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Escribió Martolio:
“Había una vez un hombre que más envejecía mayor era su inocencia. Le decían Ideo, porque tenía ideas recurrentes que atesoraba de forma vehemente y apasionada. Una de esas ideas era sembrar; soñaba con ver un campo sembrado por sus propias manos. Pero no tenía tierras propias en épocas en que no existía la figura del alquiler. Su amigo, generoso, un buen día le obsequió un terreno hermoso, el que más le gustaba a Ideo. No durmió varias noches pensando en cómo realizar su sueño, porque no sólo no tenía tierras propias, tampoco poseía capital suficiente para alambrar aquel campo que por el día invadían buitres y extranjeros y por la noche transitaban lobos y alimañas.”

Lo que Martolio quiso decir: En un viaje que compartían Martolio y Fontevecchia, el presidente de la editorial le comentó que estaba preocupado por el andar de Libre. Martolio le replicó que la solución era transformarlo en diario deportivo y que él tenía la fórmula. Eso sí, para hacerse cargo debía contar con su gente de confianza, con sus hombres, que le asegurarían llevar a cabo su “plan”.
Además, utilizó un término que para la mayoría puede pasar inadvertido, pero para los redactores de Libre es humillante. Habla de “extranjeros”, y se refiere a compañeros nuestros que viven en La Plata. A ellos, en una reunión les dijo “nunca los hubiese contratado”, argumentándolo como un “error” de la gestión anterior, y cerró lamentándose con “nos tendremos que hacer cargo”.

“Su tercer insomnio fue interrumpido por el hallazgo de una fórmula capaz de concretar su anhelo. Viendo que entre ellos rara vez se atacaban, contó lobos y buitres -uno por uno- y llegó a la conclusión de que, si los alineaba uno atrás del otro en torno del perímetro del terreno recibido, formaría con ellos las paredes del corral donde podría sembrar sin que ningún extraño lo invadiese. Será mi lugar y lo llamaré Libre, porque así
crecerá mi siembra: Libre de invasores’, se dijo feliz, imaginando que nadie osaría pisotear su plantación custodiada por horribles buitres y hambrientos lobos”.

Lo que Martolio quiso decir: Se tomó el tiempo de contar los redactores que quedábamos del viejo Libre. Los mismos que hacíamos un promedio de 15 páginas por día en el Mundo Martolio seríamos los encargados de redactar las 40 o 48 páginas con que contaría Libre Deportivo. Es más, Martolio observó que éramos un grupo que “rara vez nos atacábamos”, por lo que supuso un apoyo incondicional a su plan devastador.

“Trabajó rápido, plantó todo lo que pudo aunque fue muy poco y alineó a los animales creyendo, incluso, que estos le agradecerían darle esa utilidad porque -de ese modo- los vecinos dejarían de verlos como lobos y buitres peligrosos y ya nadie querría cazarlos. Cansado, Ideo se fue a dormir esperando el mejor amanecer de su vida. Cuando el sol le lavó la cara con sus rayos, no hizo otra cosa que abrir su ventana para ver su campo ‘cuidado’ por los buitres y los lobos. Nunca pensó lo único que debió pensar: los lobos deshicieron la fila para correr liebres que merodeaban el lugar, las cazaron, las comieron y de barriga llena se echaron a pernoctar”.

Lo que Martolio quiso decir: En la última reunión previa al lanzamiento del diario, armó un grilla con francos 4X2, sin consultarle a nadie y sin tener en cuenta contratiempos personales. Dijo que se eliminaban los taxis o, peor aun, “si algún compañero se iba, ese dinero se usaría para pagar un taxi”, y habló de trabajar mucho, descansar poco y de saber a qué hora se entraría y no cuándo se saldría. Puso como “lobos” a quienes tenían la responsabilidad de conducir la sección Deportes y Diagramación del Libre anterior, y que, según su idea, habían convencido a los redactores y diagramadores (“las liebres”) de no subirse a su plan macabro y explotador. Esos lobos le arruinaron su idea y, con el objetivo cumplido, esperaron el final.

“Los buitres aprovecharon y se comieron a los lobos dormidos. El sueño de Ideo era sólo un sueño entre lobos y buitres reales. Ideo murió de pena y su amigo lo enterró en el medio del campo que le había regalado. En su tumba puede leerse: ‘Aquí yace un hombre que nació Ideo y murió Idiota’.
Los buitres no atormentan su última morada porque fueron eliminados uno a uno. Quería contarles esta fábula infantil a los lectores de este diario, en mi último día de vínculo con él, un vínculo tan breve como el sueño de Ideo, porque sé que algunos lo comprenderán.”

Lo que Martolio quiso decir: Supuestos “enemigos” íntimos de Martolio se aprovecharon de aquellos lobos y los dejaron solos y a la deriva, enojados porque él tomó el control de un producto ideado y dirigido por otras personas, los buitres, claro. Por último, habla de “su amigo que lo enterró”, y en eso tiene que ver la pelea con aquellos que él llamó para que lo acompañaran en su aventura y que en un momento lo dejaron solo. Por ejemplo, cuando quiso insistir con el plan de salir los siete días con la misma cantidad de empleados. Los que escucharon la charla en la oficina de la dirección entre Martolio y sus “amigos” seguramente entenderán ahora la frase “lo enterró”. Sí, no había lugar para más aventuras y lo dejaron
solo. Tal vez el texto más amenazante sea “los buitres fueron eliminados uno a uno”. No significa otra
cosa que la invitación a un forzado retiro voluntario y los posteriores despidos de aquellos a quienes
él acusa de haber hecho fracasar el proyecto. Es decir, periodistas y diagramadores.
Por último, habla de que deja la carta en “su último día de vínculo con el diario”, algo ficticio, porque
su aparición como “director” ya había quedado disuelta varios números antes.

Trabajadores de Editorial Perfil

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