El mal de los argentinos es la necesidad de estar distraídos.


Gustavo Cordera

“Me dio compasión ver a Calamaro en el programa de Tinelli”

El cantante asegura que se baña en estaciones de servicio durante las giras. Revela que se negó a ser premiado por Aníbal Fernández en Avellaneda y denuncia que lo “bajaron” de un recital por lo que piensa de Moyano.

Por Leandro Ceruti

12/08/12 – 12:10

"Me dio compasión ver a Calamaro en el programa de Tinelli" Hoy. El cantante en pleno show de sus giras por La Caravana Mágica. Junto al resto de la banda, con quienes conformó una cooperativa.

Cordera habla mirando fijo a los ojos, y piensa bien lo que dice. Está convencido de que La Caravana Mágica viene a patear el tablero. Acaba de salir el Volumen 2, y su convicción sobre el resultado del disco supera la experiencia de los anteriores. “Se está metiendo en la gente” asegura. “Yo hice un disco como Suelto, que la gente no lo entendió, y te van a ver cincuenta personas. Te la tenés que bancar.”
—Hace poco dijiste que el rock estaba “careta”…
—Hablo de la relación entre los músicos o bandas de rock y el público en la Argentina. Creo que es ahí donde somos caretas. Cuando somos esclavos de la mirada del otro. Cuando artísticamente no hacemos lo que sentimos y hacemos lo que el otro necesita para que esté con nosotros comprándonos los discos, viniendo a los conciertos. Cuando decimos lo que el otro necesita escuchar, somos careta. Cuando no somos valientes de expresar lo que sentimos aunque al otro le moleste, somos careta. Y eso hace que tu música se empobrezca.
—¿Calamaro en el programa de Tinelli es careta?
—Es muy difícil meterse hoy en la cabeza de Calamaro, con sus problemas. Pero lo que sí sentí es una especie de compasión. Y traté de ponerme en su cuerpo, en su piel. Y me dio compasión, eso.
—¿Y cuando tuiteó que había matado a un tipo?
—Y… es un acto de provocación. El también es un provocador. Y la verdad que lo hace muy bien. El problema son las personas que se hacen eco de eso y lo toman tan en serio y se preocupan.
—De repente uno imagina que Cordera convivió mucho más con la violencia que Calamaro…
—Totalmente. Yo nací en el Docke, en Avellaneda. El nació en Barrio Norte. Eso es algo que está en la sangre de cada uno. A él le falta barrio. No por eso no puede ser que tenga un montón de experiencias de vida y todo, pero la de matón y carcelario no le queda bien. Es un nene de mamá.
—¿Por qué volviste a vivir a Dock Sud?
—Fue una decisión económica. No tenía dinero para vivir en otro lado. Y estuvo buenísimo. Fue lo que necesitaba para salir adelante. Y así vivo, así sigo viviendo. Cuando sentí que tenía que esconderme en un hotel 5 estrellas por la fama que tenía, lo hice. Y ahora siento que tengo que estar girando en micros y bañándome en estaciones de servicio, y lo estoy haciendo.
—¿Te estás bañando en estaciones de servicio?
—La última gira que hicimos en Europa fue en micro y nos bañamos en estaciones de servicio, loco. Con toda la caravana. Y dormíamos en el micro, y tocábamos, cargábamos las cosas y nos íbamos. Me encantó, porque eso mueve la energía. En la comodidad se estanca la energía.
—¿Pero es una necesidad real o lo hacés como parte de La Caravana? Porque vos dinero tenés, con la Bersuit lo hiciste. ¿O lo dilapidaste?
—No, no, nosotros éramos trabajadores. Eramos una cooperativa de 35 personas. Ganamos mucho dinero y gastamos mucho dinero. Yo tengo que seguir trabajando. Si no trabajo y no cobro Sadaic, no como. Estoy muy bien económicamente porque soy autor de una obra muy extensa. Está bueno porque me permite tomar decisiones sin la presión del dinero.

La única verdad. Políticamente, se define como parte de una oposición que no quiere destruir, que quiere formar parte, y asegura estar mostrando su mirada. “Tengo otra visión sobre las cosas, no estoy en contra de nadie”, dice el pelado. “Me encantaría discutir con la Presidenta cara a cara”, se aventura y concluye: “Iría a charlar con ella si acepta el disenso, y me acepta como diferente. Aníbal Fernández me invitó a ser Ciudadano Ilustre de Avellaneda y le dije que no”, dice Cordera. “El jueves nos bajaron del Festival de la Nieve en Bariloche porque Moyano tomó declaraciones mías y se las tomaron a pecho. Entonces, como Cordera no es K… No se atreven a decir que soy Clarín porque todo el mundo sabe que no lo soy. No sé dónde querrán ponerme, pero lo que quiero que sepan es que yo soy un librepensador, esté Menem, esté De la Rúa, Kirchner o Cristina. Yo no tengo mala leche, no quiero derrocar al Gobierno de Cristina. Quiero provocarlo, quiero provocar conciencia, quiero denunciar las cosas que no me gustan, quiero ser diferente y que me respeten por eso. No que me bajen de un festival. El rock y el arte tienen que estar en la vereda de enfrente de todos los gobiernos, porque es lo único que le queda a la gente.”
También confiesa que votó a Cristina, pero no siente por eso que deba decirle que está todo bien. “Yo creí en el proyecto Kirchner, pero está empezando a haber una cosa muy asfixiante. O sos como yo, o sos el contrario. No soy ni el Gobierno ni Clarín, ¿qué quiere decir, que no tengo lugar en el mundo? Hay que tener cuidado con eso, porque ese discurso lo tenían Mussolini, Hitler y Bush.”
—¿Y con Magnetto te sentarías a charlar?
—No, no me parece interesante. Si fuera necesario, tal vez.
—¿Y Mujica?
—Yo lo conocí personalmente. Es un tipo sencillo. Un tipo campechano.
—¿Es cierto lo que se dice? ¿Que vive austeramente, que es accesible?
—Totalmente, sí. Ojo, eso folclóricamente está bien. No quiere decir que sea por eso buena persona, o un buen conductor. Tengamos cuidado con la mirada sobre las cosas. Armamos idealizaciones sobre las personas. Ser pobre no quiere decir ser buena persona. No tener dinero y no robar no quiere decir que sos un tipo sensible. Podés no tener dinero y no robar y ser un tipo odioso y perverso.
—¿Qué te parece que dice el rating de Tinelli, Mariana Nannis, la hija de Caniggia? ¿Por qué se mira?
—Eso habla de que la gente necesita estar distraída en momentos en los que tenemos que estar conscientes.
—¿No suena peligroso?.
—Muy peligroso. Porque si no te hacés responsable de tu vida y de lo que venís a hacer en este planeta, te la perdés. Te la re-perdés.
—¿Irías al programa de Tinelli?
—Si hay un propósito artístico, interesante, algo que me lleve, me mueva y me dé ganas, voy a cualquier lado. En este momento no me mueve la idea de ir, porque no sé a qué iría.
—A bailar…
—No, prefiero bailar con mis amigos. Bailar para sentir el baile, no para mostrarlo por televisión. Pero igual, Tinelli no es el mal de los argentinos. Tinelli es la visualización del mal de los argentinos.
—¿Y el mal cuál es?
—La distracción. La necesidad de estar anestesiados. La necesidad de no pensar en nada. De no hacerse responsable y no conectar con lo hermoso que es la vida. No tengo tiempo para ver Tinelli, tengo cosas interesantísimas para hacer todos los días.

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