El tiempo de volver.


Hay un sin fin de delicadezas que la rabia no te deja ver,

esas delicadezas que los amigos entienden.

Pueden ver y esperar de uno.

Todo lo demás siempre fue un fantasma del tiempo que se aproxima, que viene, que ves viene y ves irse con la omnipotencia de quien todo lo puede.

Me pasa que esperar el milagro dejo de funcionar,

quizás porque para los chicos pobres de allá del interior esperar las cosas nunca fue una buena noticia.

Nunca llegan las cosas.

Entonces uno va coleccionando maneras, formas humanas de entender la humanidad. Y eso se vuelve lindo. Bonito.

Hasta imagina uno a  veces que lo mas importante en definitiva son las ideas y que tras de las ideas lo demás no importa nada.

Como ser libres, o como lo que significaba ser libre cuando aprendíamos a atarnos los cordones.

Mis fantasmas vuelven cada tarde, merodean y sonríen agazapados. Saben de mis miedos y hasta los vuelven fuertes.

Era tiempo de volver, de embarcarnos en la vuelta para contarnos como vivimos estos tiempos modernos.

Sabiendo que allá lejos, donde las cosas siempre están por llegar me esperan los amigos que no necesitan nada. Que te encienden el pucho,

te sirven el vaso, sin preguntar mas, te levantan la mirada, sonríen con ternura y te dicen  – Salud.

 

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