En el Medio. Página 1


– Fue un aviso nada mas.

Eso me dice cuando me dice el doctor que la enfermedad no avanza. Pero avisa. Como el cuerpo, como la sonrisa o como las tormentas.
Son estos días, días en los que necesariamente aprendemos a hacer llover. Y en ese aprender vamos juntando las pilchas, nuestras pilchas, y nos dejamos ser, seres vivos volando o saltando o corriendo entre ensoñaciones que dejaron de ser viejas.

Cuando entre a la redacción sabia que ese tipo de noticias, asfixiadas, escupidas, masticadas, cocinadas, no eran las que necesitaba para vivir. También sabia que el salario con el que me compraba el señor pelado de atrás de la puerta era necesario para comer, por lo menos, hasta que entendí que no, cuando aun había tiempo. Cuando todavía era temprano para darse cuenta. Cuando todavía quedaba liquido semiótico en la conciencia como para no olvidarse uno de las raíces, que son la copa. Siempre.

Fue un aviso que la visa no alcanza. Que la seguridad en un país en donde no es tu país no sirve para mucho. Pero fue un aviso de que la salud, como la conocíamos de jóvenes, vos con tu mirada de niño precoz y yo con mis miedos de siempre podía no ser la misma. Nunca. Mas.

Entonces eso me dice el doctor, que mira su reloj, que asume que estoy perdido, también, como tantos otros, que da media vuelta, que mira por la ventana buscando algún consejo útil, que puede ver por la ventana de un cuarto piso como cuatro tipo de camisa azul arman un andamio para sumar otro piso a la edificación que esta dejando la clínica sin vista. (cosas de la ciudad, de esta ciudad, todo crece) eso me dice. – O te cuidad o te morís. Corta.
– Todos nos vamos a morir. Le digo en broma.
– Ponele. Dice.

Entendí cuando entre por primera vez a la redacción que había un montón de gordos golosos valiosos que solo tenían que verla.  Y verla, cambia todo. O debería de cambiarlo todo. Porque verla es ver que la incomodidad con la que caminamos las tardes en que caminamos por este mundo no tiene mucho sentido. Como no tiene sentido que uno afuera, de casualidad, de pedo, de repente se sienta adentro. Y suba corriendo a los colectivos, baje corriendo al subte. Llegue corriendo al banco,   cruce corriendo la infinita 9 de julio. Lea corriendo, por encima las contratapas de libros que abandonaremos para el retiro. ¿Hay retiro?

Al final, el reloj se paró temprano. No sabía cuando entre a la redacción que camino iba a tomar pero era claro que el aviso de la edad, de la salud, del tiempo por venir, del porvenir a edificar tenia que encarrilarse lejos de los espacios en donde la comida te la dan hecha. Te la explican. Te a eten en cajitas y te dejan babeando y repitiendo. A lo mejor, podiamos, si te invitaba, armar otra cosa, pensarla por lo menos.

Por eso empezamos esta novela haya en 2009, por eso te convoque para que me cuentes como habías transitado vos esos días. Para que no se haga tarde, para que alcance, para que perdamos solo lo que debamos perder y deber.

Te toca.

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