En el medio. Página 82


Yo le pregunte, con una sorpresa que me dio vergüenza durante muchos años: ¿y por qué?

Y me miró. Me miró con los ojos de boxeador retirado. – ¿Cómo y por qué? Me dijo cerrando el ceño, cebando un mate, acomodando la rodilla, mirando por encima de mi hombro una segura mancha que había crecido en la pared y de la que tampoco se había dado cuenta.

– Porque teníamos que hacerlo, porque entonces las dudas eran para los tibios. Porque entonces la libertad era para los mediocres, porque entonces la dignidad era seguir y no parar e insistir y recibir ordenes, y cumplirlas y esperar con culpa, siempre con una culpa enferma producto de este sistema perverso y cristiano que nos vende la culpa para dejarnos atados. Pero si, deciamos que si, porque habíamos elegido un lado. ¿Grave error?, No. Fue como tuvo que ser. Y fue lo mejor que pudimos ser.

Se convulsiona, junta las palabras. Se apura a terminar la idea juntando las palabras. Sabe lo que quiere decir, pero se apura, ansioso, como si el tiempo no alcanzara para las palabras como si las palabras sobraran en el tiempo y entonces las fuerza, para que entren, en el tiempo que tiene para decir lo que tiene que decir.

– Elegir es como todo, puede ser bueno o malo, lo que uno no puede es quedarse quieto. Me dice.

Creo que fue la primera vez que me dijo que lo peor que puede pasar es que no pase nada.

Comentario recibido, muchas gracias.

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s