En el medio. Página 196


Tengo para mi la convicción de que las peores cuestiones del amor son las mejores cuestiones de la vida. Como si el dolor, el sufrimiento, la angustia o la desolación por alguna extraña reacción pasajera nos vuelva mejores, mejores humanos aun siendo peores compañeros. Siempre hay un instante en el que esa certeza tiene un sentido. Pero los instantes no son la parte ni siquiera del todo, me dijo y se recostó sobre la raíz de una algarrobo gigante que teníamos en el patio de casa.

– Ya casi no quedan algarrobos con las raíces a la vista- me dice.
– Y no. Esta difícil.
La dificultad no necesariamente es una buena razón para hacer o dejar de hacer pensé cuando termine la palabra “difícil” y me miró desconociendome.

– A vos lo que te pasa es que razonás sin talento, razonás buscando talento. Y así no hay espejo que valga, En ninguno te vas a reflejar. Siempre esta allá adelante la rueda, allá adelante esta la escalera que tenés que subir y siempre tenés que subir porque nunca subiste-. Y arma la pipa, pita, exhala humo pesado, me mira por encima de los anteojos, vuelve a sonreír volviendo de todo, menos efusivo, mas tranquilo.

Y me empuja. y se corre. Y se va tres pasos hacia atrás. Y lanza una carcajada que todavía me asusta. Y empieza a llorar.
Y se esfuma entre la niebla y me saca esa pequeña convicción que ya tenia yo para mi. Me la quita de entre las manos, se la guarda en el sobretodo. Se vuelve sobre sus paso, me dice que estoy perdido.
Le digo que ya lo se.

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