En el medio. Página 27


Siempre que llovió, me dice desde el pueblo en que crecí. Paro. Siempre que paro, queda ese olor a lluvia levantándose sobre guadales de calles de tierra a donde hace mucho tiempo no llueve. La ultima tormenta, me dice, vino con piedras y relámpagos. De los cielos parecían caer fantasmas furiosos con el destino de fantasmas que les había tocado  y esa lluvia no parecía las de siempre.

Yo, que había dejado de creer en su poesía, apenas le decía: – Ajá – pero el tipo insistió del otro lado del teléfono, contándome lo diferente que había sido esta ultima tormenta de piedras en donde no quedo una sola uva en su parra, un solo durazno en flor. – aja.

Así que no se, me dijo, con el teléfono en la mano y mirando desde su habitación de adolescente en donde quedo varado, si esta tormenta de fantasmas alguna vez, algún día va a parar, pero no habría que tener dudas, me dice, siempre que llovió. Paro.

 

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