Por si las moscas


Cuando levantó la piedra miró un par de segundos atento a una mosca que se apoyaba sigilosamente sobre el borde de un vaso largo con limón. Pudo discutir con esa voz que lleva adentro sobre el tamaño de las alas, sobre la sensación de mugre, sobre lo desatinados que son los limones cortados en rodajas circulares. Se incorporó, y tiro la piedra contra el vidrio, estalló la luneta y aunque nadie lo escucho, río durante largas horas por la travesura de haber roto el vidrio del traidor.

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