El reloj cuenta las canciones de los que se cansaron. Los cansados de todos modos, recuperarán, siempre, sus ganas, si los otros, los que nos quedamos momentáneamente sosteniendo las velas en la tormenta, seguimos, sosteniendo momentáneamente las velas.

Lo cierto es que solo se cuenta con el presente. Y que los únicos presentes olvidables son los que se cargan de pasadoc0c4609296b13456696420aa1a031759s llenos de cadáveres o de futuros plagados de envejecimientos.

La mujer se rajo las vestiduras en el nombre de un amor, se murió de a poco en el olvido y nosotros, los de acá, nos quedamos atados a una filosofía dantesca que Sabina nos supo resumir en la primera infancia.

El hombre se miró en un espejo que no supo contarle ni quien ni para que ni qué. Se desdijo en la mirada de ese otro en el que se había convertido y el cuerpo dejó de tener sentido cuando pudo sentir, en fin, la gracia de la energía que corre por encima, por adentro.

Todo adentro de los dos, decía el hombre en el reflejo de la mujer, todo tiene que ver con la mirada con la que apostas al destino y que parte de la existencia te reservas a tu desvarío humanitario.

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