Sucede no sucede


Ser contemporáneo, foráneo, extranjero, tan hijo de una época que aparenta no tenerlos. “Querer (¿?)” sentirse un exiliado, serlo. Estar afuera – en las lineas del otro lado – sin creérnoslo del todo.  Ser, a la deriva – a la buena de los buenos – que son los dioses que apenas saben condescender a los malos presagios y que nunca tienen demasiada esperanza en las personas pero lo pies tan en el suelo, tan sensatos y claros en sus definiciones, los buenos. Ser, de un lado del pueblo de donde uno no viene y donde no hay fortunas indiscutibles sino relojes, que siempre son de pared y que nos marcan que aún no es ni tarde ni temprano. O eso quisiéramos.  Y que subrayamos – subyugados por una benevolencia. Una destreza chiquita que siempre se pierde entre los malos hábitos. Porque si eramos algo, ahora no somos nada. Si íbamos hacia alguna parte ahora no estamos yendo a ninguna, si había de que sentirse orgulloso ahora no lo hay. Si había un gesto heroico, se perdió entre la nebulosa donde solo quedan fantasmas y payasos y aeropuertos. Y eso es quizás una buena noticia. Aeropuertos que nunca están vacíos.

Lo que pasa cuando un proyecto deja de ser un proyecto para ser un hecho es que las partes, la suma de las partes vuelven sobre sus lados y son, como pueden ser, lo que eran. A veces gana el amor, pero es breve, todos los triunfos del amor son breves, porque el amor lo es, aunque dure mil años, aunque dure todos los años. Y sino, el proyecto es una manta de soledades que todo lo cubre, entonces el riesgo es más grande pero las esperanzas también. Porque los proyectos solo son lo que son y no los planes que se tenían para con él.

Gracias a dios somos incrédulos para creer. Pero ahí cuando aparece la sorpresa, cuando lo que no tenia que ser finalmente lo es, cuando las caídas no son agachadas sino estruendosas derrotas y vertiginosos logros es cuando la vida se muestra y no hay derrota final, el momento en que un hecho, el que sea, se convierte en parte de la historia y de la eternidad y se transforma en un hilo nuevo, en un ovillo que parte a seguirse tejiendo contra todos los amores breves que se tope en el camino de regreso. Porque además, todos los ovillos regresan, triunfantes al descanso eterno, donde nace un nuevo proyecto y un nuevo sueño y un nuevo reloj en la pared se cuelga.   
A lo mejor la historia siempre es individual como decíamos al principio del todo. Uno se resiste que así sea porque es de los que se resiste a que la historia siempre la ganen los que ganan. Pero cual pelea es la que damos nosotros? Que es ser de izquierda y progre en este mundo perverso y de mentira en que nos hemos dado y construido. Es posible la construcción de una identidad? Yo a veces, casi siempre, creo que no.

 

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